miércoles, 4 de noviembre de 2009

Esta semana…

Siempre insisto en lo mismo, es bueno recordar, nos ayuda a sentirnos bien. Nuestras vidas, al final ¿qué son, sino recuerdos? Todos los hemos vivido buenos, malos y regulares, pero afortunadamente siempre nos quedamos preferentemente con los primeros aunque los otros nunca los olvidamos del todo. Los más bonitos de recordar son aquellos que son capaces de dibujar, sin querer, una sonrisa de simpatía y agrado en nuestra cara.

Siempre recordaré el rostro de satisfacción de una muchacha andaluza cuando me decía que su novio era un pueblo concreto de Sevilla, como ya os contaba hace algún tiempo. También me impacto la de aquel muchacho joven que ayudaba a su padre en las noches cálidas de Sevilla, tocando la batería.

Tengo muchos recuerdos (cuantos más años, más se tienen) unos agradables y otros muchos que te dejan huella por impactantes.

En uno de mis últimos trabajos, antes de venir a Andalucía, tenía como misión visitar centros de trabajo de personas discapacitadas. Mi empresa estaba muy vinculada a esos colectivos y varias veces al mes lo hacía.

En la mayoría de las ocasiones mi visita se limitaba a ir en las oficinas de esos centros. Me entrevistaba con el director del mismo, cambiábamos impresiones sobre los temas que nos concernían y poco más. Rara vez me invitaban a visitar los talleres. Pero un día se rompió la tradición y me invitaron a que visitara el área de trabajo de las trabajadoras (era un centro para mujeres con discapacidad) Gustosamente accedí. Entré en una nave de unos 500 m2. A la entrada y visible a todas las trabajadoras, había una gran pizarra, donde puede leer: “ESTA SEMANA CAMISAS VERANO POLICIA LOCAL”.A partir del pasillo a lo largo de la nave (bien acondicionada, grandes ventanas y aire acondicionado) una enorme cantidad de máquinas de coser, unas cien calculé, y sentadas junta a ellas trabajadoras de diferentes edades, las había jovencitas y ya maduras pero con algo en común, todas eran SORDAS. Me impactó el silencio, me impactó el ruido de los motores de las máquinas. Ni una sola voz. Todo eran gestos con las manos o con los labios entre las que se tenían algo que decir. Pero el silencio… ese silencio mientras las veía coser y coser, nunca lo he podido olvidar. Más de 100 personas adultas y prácticamente sólo silencio.

Impresionante. Os prometo que deja huella. Aquella época de mi vida, me hizo aprender muchas cosas y valorar otras que en mi mundo alegre o triste pero bullanguero y gritón, creía no existían.

Saludos


4 comentarios:

CARTASMARRUECAS dice...

Está muy muy bien este post, Fernando. Lo curioso es que a veces estas cosas te sacuden la conciencia con efecto retardado. los recuerdos importantes mejoran con los años, como algunos vinos y no pocas mujeres.

Fernando dice...

Gracias, Alfredo, por haber visitado de nuevo estas páginas.

Vuelvo a coincidir contigo, excepto en lo primero que dices.

Saludos.

Elena dice...

Precioso Fernando.
Es verdad, hay cosas que se arrinconan en nuestra memoria y allí se quedan para siempre.
Ese silencio de voces te impactó y en ti se quedó.
A veces es necesario ese impacto en nuestras conciencias para no olvidar que existen otros mundos además del nuestro.

Un beso.

Fernando dice...

Elena, más de cinco años trabajando en una empresa de servicios vinculada directamente a la del "cupón diario"; conviviendo todos los días con personas totalmente normales pero con discapacidades, abren muchas conciencias y muchos ojos torpemente cerrados. Se aprende mucho y nos hacen bajar de los pedestales que tan absurdamente a veces nos subimos.

Un beso.