miércoles, 13 de enero de 2010

«Quien ve, Villarmentero, ve el mundo entero»







Igual da. Iba a escribir sobre el Teatro de la Maestranza de Sevilla y su programación para este 2010 y al final decidí hacerlo sobre la programación de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Los ejemplos son los mismos, son vidas paralelas. De ambos tengo alguna mala experiencia. Hablaré de los dos.

Quiero empezar con viejo refrán que dice aquello de: “Quien ve Villarmentero, ve el mundo entero” En cada esquina, en cada ciudad, pueblo, provincia, autonomía etc., etc., más de lo mismo. Ocurre en todas las partes donde las “cosas” las mal gestionan los políticos.

El Teatro sevillano es público, está construido y gestionado con dinero de todos los contribuyentes sevillanos y posiblemente de todos los españoles a través de subvenciones de algún ministerio. La orquesta castellana-leonesa, lo mismo y su auditorio casi en exclusiva está en Valladolid, aunque eso sí, pagado por todos los contribuyentes castellanos y leoneses y supongo que resto de españoles a través de algún ministerio.

Somos muchos los que estamos hartos de que se juegue y despilfarre nuestro dinero y sólo se esté pensado en satisfacer a los indecentes políticos de turno, a la clase privilegiada y a cuatro golfos de agencias de venta de entradas que a su vez a través de la “reventa” hacen el agosto.

No es justo que la mayoría de los espectadores sean los mismos toda la temporada por haber podido pagar por adelantado un abono en un teatro público ni es de recibo que se reserven tantísimas entradas para “invitaciones” a políticos, vividores y demás espécimen golfo que tanto abunda. ¿Qué ocurre? Al final sólo se ponen a la venta un mínimo de entradas y no hay forma de hacerte con ellas. O te jodes haciendo colas interminables en los acontecimientos especiales y con suerte conseguirás alguna localidad después de muchísimas horas o pagas reventa.

Si se consigue cambiar (impensable por el momento) esa tendencia y alguna vez hubiera cambios de políticos, hay que dar la oportunidad de poder asistir a los grandes representaciones a muchísima más personas y a precios razonables. Hay que llevar las óperas, zarzuelas, bienales flamencas etc. a las plazas de toros, polideportivos etc. aunque se pierda un poco de acústica, al menos será mucho más justo y además del espectáculo, podrán disfrutar los que pagaron y siguen pagando esas actuaciones y que siempre estuvieron “por pobres” o “menos pudientes” condenados no poder asistir nunca. Es una vergüenza que con dinero de todos sólo se beneficien solamente unos pocos.

¿Alguien me puede explicar que en el teatro público, Lope de Vega, de Sevilla en determinadas representaciones estelares, las vísperas de los estrenos ya se coloque el cartel de: “AGOTADAS TODAS LAS LOCALIDADES PARA TODOS LOS DÍAS DE REPRESENTACIÓN? Algo huele a podrido.

¿Qué ocurre con la orquesta de Castilla y León? Lo mismo pero todavía más sangrante. Prácticamente no mueven el culo de Valladolid. Hacen salidas a otras Comunidades pero olvidan sus gestores que hay 8 provincias más en la Autonomía castellano leonesa y TODOS, tienen el mismo derecho para disfrutar de su buen hacer. Pero no, salidas mínimas a alguna capital de la Comunidad y punto final. Aquí gobierna el PP pero es el mismo comportamiento y amiguismo caciquil.

Cuando salen a actuar, que alguna vez lo hacen, a otras provincias de la Comunidad, estoy seguro que a los políticos municipales, diputados provinciales, parientes y amigos, nunca les faltarán invitaciones. ¿Cuántas localidades sobran para poner a la venta? CUATRO, mal contadas y las paganos los de siempre, los tonto útiles de turno, que no consiguieron entradas ¿cómo las iban a conseguir? Pero… ¡qué se sigan jodiendo y sigan pagando impuestos! seguro que piensan los políticos, mientras ellos a presumir de llenazo y salir en las noticias locales o provinciales. Siempre lo mismo. ¿Por qué estas grandes y buenas orquestas, tan bien pagados, supongo, no pueden actuar en polideportivos con capacidad amplia? Pues, NO. Claro, a lo peor es porque allí, en asientos de plástico, no estarían cómodos los orondos traseros de los señoras y señores alcaldesas y alcaldes y demás señorías, amigos y parientes de las políticas y políticos. Ellas y ellos, necesitan asientos mullidos dignos de su cargo, sueldo y de sus glúteos bien cuidados y mejor relajados por un buen masaje.

Cada día estoy más lejos de esta caterva de vagos y vividores. La distancia es ya infinita.

Algún día será bueno que desde Sevilla, alguien hablara de nuevo para que no se olvide el desastres de la inservible, esperpéntica, faraónica obra como fue el “Olímpico” sevillano, del iluminado, Rojas Marcos. Él fue el artífice de este despilfarro monstruoso que tantos millones costaron a todos los sevillanos, andaluces y españoles y que se sigue pudriendo sin actividad. Pero como él ya salió en la foto…feliz de por vida.

He hablado de dos casos concretos, pero como digo al principio “Quien ve Villarmentero, ve el mundo entero”. Mismas situaciones, mismo personajes, mismo golfos, vagos y vividores en todas partes.

Gracias por vuestra atención.

lunes, 11 de enero de 2010

Baladilla de los tres ríos.


Al final, siempre tengo que reconocer que me siento orgulloso de que personas, especialmente mujeres, me hayan dado su amistad. Espero a esas valientes no defraudarlas nunca y si lo hiciera que me lo recriminen con toda la fuerza que les sea posible, pues jamás nadie debe traicionar a una amiga, un amigo, en definitiva a nadie.


Esta vez viene de allende de mares, desde la lejana Venezuela. Mª Esther, una querida amiga, me envía con asiduidad las “cosas” que recibe de su y mi querida Andalucía. Ella también disfrutó hace años de inolvidables paseos por Sevilla y toda Andalucía y también quedó prendada de su belleza.


Hemos compartido muchos recuerdos de aquellos días inolvidables en su vida.


Hoy me recuerda a García Lorca en el poema que a continuación, si queréis, podéis leer. ¡Qué bonito! ¡Qué bella composición! de Federico. No le conocía, le he descubierto hoy gracias a Mª. Esther y le quiero compartir con vosotras y vosotros. Me gustaría que os gustara.



Baladilla de los tres ríos.


El río Guadalquivir
va entre naranjos y olivos
Los dos ríos de Granada

bajan de la nieve al trigo.


¡Ay, amor,
que se fue y no vino!


El río Guadalquivir
tiene las barbas granates.
Los dos ríos de Granada
uno llanto y otro sangre.


¡Ay, amor,
que se fue por el aire!


Para los barcos de vela,
Sevilla tiene un camino;
por el agua de Granada
sólo reman los suspiros.


¡Ay, amor,
que se fue y no vino!


Guadalquivir, alta torre
y viento en los naranjales.
Dauro y Genil, torrecillas
muertas sobre los estanques.


¡Ay, amor,
que se fue por el aire!


¡Quién dirá que el agua lleva
un fuego fatuo de gritos!


¡Ay, amor,
que se fue y no vino!


Lleva azahar, lleva olivas,
Andalucía, a tus mares.


¡Ay, amor,
que se fue por el aire!


Lorca.

domingo, 10 de enero de 2010

Se llama, Carlos

Carátula del CD de Carlos.






No sé de donde viene ni a donde va, no sé nada. Nunca su nombre figurará en ningún cartel anunciando un concierto con una orquesta o una actuación de flamenco. Nunca escuchará en ningún teatro un: ¡Bravo! ni un ¡Olé!, aunque estoy seguro que tampoco aspira a ello.

De joven estoy seguro, soñó muchas días en verse junto a una orquesta en un teatro abarrotado de público o dando un recital de flamenco, pero no. Hoy es tan digno como si lo hubiera conseguido, pero no, no pudo ser; nunca saboreará la miel del triunfo y del aplauso. No.

Hoy, Carlos, es un estupendo músico guitarrista que todos los días, aunque solo puede hablar de festivos, en la Calle del Agua, junto a la de la Pimienta y a escasos metros de la Plaza de Venerables, allí junto a las murallas del Alcázar en el corazón del barrio de Santa Cruz de Sevilla, acaricia con ternura a su guitarra como si de una bella joven se tratara.

Avanzas lentamente por Santa Cruz y de repente, te llegan los sonidos de la guitarra de Carlos; al principio muy lejanos, pero ya te está regalando al Maestro Rodrigo o a Francisco Tárrega principalmente. Te acercas y allí le ves con su vieja guitarra, sentado en un minúsculo asiento apoyándola sobre su pierna y el inconfundible Concierto de Aranjuez o la maravilla de los Recuerdos de la Alhambra y en el duro suelo, para seguir recordando que la vida es dura como el asfalto, la funda de su novia más preciada albergando las monedas que se le quiera dar.

No es ningún jovenzuelo, aprendiz de todo. Es una persona adulta, de unos 40-45 años calculo, no muy alto, un flequillo cae sobre su frente. Se le ve fuerte físicamente. Un día tras otro al cobijo del calor sevillano a la sombra de la muralla, Carlos, allí está. Todos los domingos que por ese itinerario pasaba, camino de mi Plaza de Doña Elvira, estaba Carlos. Me paraba a su altura, esperaba a que terminara de interpretar y correspondía a su regalo musical con mi aportación.

Un día hablé con él y a raíz de aquel momento, cada vez que coincidíamos nos saludábamos y entre pieza y pieza cambiábamos algunas palabras. Me comentó, por ejemplo, que el Concierto de Aranjuez no era con mucho su obra preferida pero que era la que más éxito económico la reportaba y por tanto la repetía constantemente. Le hablé de mi admirado Salvador Bacarisse y su concierto para guitarra e incluso nos cambiamos un disco. Me regaló uno por él interpretado, que una empresa le había grabado y cobrado para que él personalmente los vendiera y yo le correspondí con el que acabo de mencionar del músico madrileño.

Si alguien que me pudiera leer, va o está en Sevilla, ¡por favor! que vaya a Santa Cruz, que entre por el Patio de Banderas y bordee la muralla por la calle del Agua o haga su entrada al barrio por la puerta de hierro de los jardines de Murillo y que vaya atento, sin hacer ruido, seguro que empieza a escuchar al Maestro Rodrigo interpretado por Carlos; que llegue a su altura, escuche su música con el respeto que cualquier músico merece y al final sea generoso con el guitarrista y le recompense dignamente su trabajo y esfuerzo.

¡Ojalá! siga estando en ese entrañable lugar y puede volver a saludarle y escuchar de nuevo su música cuando se produzca mi añorada vuelta a Sevilla.

viernes, 8 de enero de 2010

Aplauda, por favor.



La mili la hice muy joven, fui voluntario y no precisamente por desmedido amor de servir a la Patria desde el ejército; fue por el egoísmo de terminarla cuanto antes, elegir destino aunque para ello había que estar algunos meses más de soldado. En aquel momento convenía así. Eran los años sesenta y pico

Total, que por un cambio en la estrategia militar y no sé cuantos líos más, el periodo de instrucción que iba a ser en Madrid, pasó a Cáceres y como además nos retrasaron la salido para Extremadura unos 15 días, me quedé en los madriles ese tiempo extra.

Tenía amigos allí, compañeros de mi reciente época de estudiante. Ellos, parece ser que estudiaban y casi todas las noches nos veíamos. Muchos de aquellos días y posteriormente en alguna otra ocasión, cuando estando ya de soldado tenía que viajar a Madrid, íbamos al teatro. Descubrí, aunque por encima le conocía, ese apasionante mundo de los escenarios.

Igualmente hay otro motivo para recordar con simpatía y agrado aquellos tiempos. Sabía que existía pero más nada a partir de ese conocimiento. Asistí por primera vez al teatro como espectador de «CLA»

Mis amigos, llamaban por teléfono al teatro donde queríamos ir, allí nos daban la dirección de un bar próximo donde a precio muy reducido nos vendían entradas de «Cla» sin numerar, para la función del día.

Esperábamos a entrar en la sala cuando faltaban unos poco minutos. Si el patio de butacas no estaba lleno, nos sentábamos en las filas vacías y si aparecía algún regazado con esas localidades nos íbamos para atrás. Si se llenaba había que ir “arriba” e incluso al “gallinero” como ocurrió en una ocasión. Se entendía que nuestra obligación era iniciar los aplausos con fervor en los momento concretos de la obra, pero al final aplaudíamos como todos cuando nos parecía bien y nunca jamás los primeros. No éramos buenos «Clas»

Esas inesperadas vacaciones me dieron la ocasión de poder a ver las grandes obras de teatro de la época y sobre todo a unos magnifico intérpretes. Recuerdo, en aquellos días que fuimos casi todos al teatro y en los viajes siguientes, a actores como, Galiana, Lemos, Merlo, Bódalo, Rodero, las hermanas Gutiérrez Caba, entre otros. Siempre mi recuerdo más importante es el de Manuel Galiana, me impresionó verle actuar. Nunca podré olvidar su interpretación en «La casa de los siete balcones» de Alejandro Casona, fue genial, todo el teatro en pie aplaudiendo a la compañía y cuando apareció él a saludar el teatro “se vino abajo”. No sé cuanto duraron los aplausos.

Y hablando de este actor, le seguí con mucho interés por TV; trabajó mucho en la pequeña pantalla pero le perdí posteriormente la pista, durante bastantes años. Hace relativamente poco tiempo, un par de años a lo sumo, un día me llevo la gran sorpresa y le veo haciendo “Escenas de matrimonio” en Tele 5. Entiendo que todos los trabajos son dignos y que tenemos necesidad de comer todos los días, pero ver a Manuel Galiana en esos papeles, como que me hizo sentir algo extraño. Afortunadamente, al poco tiempo le volví a encontrar nuevamente, contándonos también en TV, «El Camino del destierro del Cid» y por lo menos, sentí la satisfacción de que, nunca tan noble caballero hubiera tenido un mejor ni más digno narrador de su vida y hazañas.

Aquella costumbre teatral, de comprar los aplausos, por lo visto, hacía nacido en los grandes coliseos operísticos europeos; la vanidad y la rivalidad de los divos de la ópera había establecido la costumbre de distribuir unas localidades entre sus incondicionales con el fin de "romper el hielo" durante sus actuaciones, aplaudiendo ruidosamente en los pasajes que los propios artistas señalaban. Luego más tarde se extendió con el mismo fin vanidoso al teatro tradicional.

Ya no hay «cla», debió desaparecer hace mucho tiempo. Por mi parte, al terminar la “mili” no volví a Madrid y con ello dejé de ver teatro. Donde vivía, en alguna ocasión aparecían compañías, pero no existían esas cosas ni eran tiempos de vender tus aplausos por una rebaja en las entradas al teatro.

En mi época sevillana, fui en bastantes ocasiones al Lope de Vega. Vi actuar a los mejores actores y presencié impresionantes obras y algún que otro bodrio que de todo hubo. Recuerdo con especial admiración «Las bicicletas son para el verano» de Fernando Fernán Gómez. Fue un éxito apoteósico, el mayor que he visto en mis andanzas por los teatros.

Hoy, sin saber el motivo, he recordado aquellos tiempos que a veces, uno tanto añora.


martes, 5 de enero de 2010

La princesa que vino del frío.







Uno de los lugares con más encanto de la tradicional e histórica tierra burgalesa, es la villa de Covarrubias. Es la cuna de Castilla, es donde Fernán González, primer conde castellano, inicia su andadura que concluirá más tarde con la creación del Reino de Castilla.


Una villa encantadora; paseas por sus calles llenas de pasado histórico y encuentras un bello rincón, pero no más que el siguiente y una plaza y otra y una fuente y un torreón de hace 900 años. Afortunadamente, ni un coche en su calles más tradicionales y antiguas. Se para el reloj y es inevitable soñar en los antiguos caballeros que de un momento a otro esperas aparezcan por cualquier rincón de Covarrubias o ver salir de su casa palacio a Fernán González, primer conde de Castilla.


Aquí, todavía se pueden contemplar y son habitables edificios de la edad media, con su entramado de madera que les sujeta y afianza. El Torreón de Dª Urraca o la Colegiata en cuyo claustro gótico encierra una triste historia de una princesa llegada del frío, de la lejana Noruega.


¿Os cuento un poco la historia de Cristina?


Allá, por el Siglo XIII, una joven y bella princesa noruega, sale de su país para convertirse en la esposa de Alfonso X el Sabio y así ser la Reina de Castilla.


Cuentan los de que esto estudiaron que…


Una enorme nave vikinga se hizo a la mar en el otoño de 1257 desde el puerto de Bergen en dirección al Sur. A bordo, viajaban altos dignatarios del reino noruego, encabezados por el obispo Pedro de Hamar, nobles, damas y un centenar de caballeros, encargados de cuidar un valioso cargamento: oro, plata, pieles preciosas y otros bienes suntuarios, que constituían el ajuar y la dote de la más encumbrada pasajera de la nave, la princesa Cristina, hija del rey Haakon de Noruega.


La embarcación disponía de dos camarotes –hecho insólito para la época– en los que se alojaban la princesa y el embajador del rey de Castilla, don Fernando, castellano de tierra adentro, incapaz de soportar una navegación en cubierta sin marearse.


Tras varias singladuras, la nave, impulsada por el viento y el esfuerzo de los remeros, llegó hasta el puerto inglés de Yarmouth. Desde allí, atravesó sin novedad el canal de La Mancha hasta recalar en El Havre, Normandía. Don Fernando y el noruego Thorleif, se dirigieron a París por el Sena para entrevistarse con el monarca francés, mientras la tropa se ocupaba de adquirir 70 caballos, a fin de reforzar la ganadería que habían traído a bordo. Les esperaba un largo camino por tierra.


Se suponía que Cristina, aunque otros historiadores no opinen lo mismo, había venido para casarse con el rey Alfonso X el Sabio, que no tenía descendencia con su esposa doña Violante, y ardía en deseos de repudiarla y tener un heredero, pero a su llegada, la reina doña Violante ya iba a ser madre. ¿Qué hacer con la infanta noruega y con el pacto con el rey Haakon? Rápidamente, la dieron a elegir entre los hermanos del rey Alfonso (todos ellos hijos de Fernando III, el Santo), eligiendo ella, guiada por el propio rey, al infante Felipe, casándose el día 31 de Marzo de 1258 en Valladolid.

Otros que de esta historia también estudiaron, nos hablan que el matrimonio se pactó para casarse con el hermano del Rey y así afianzar los intereses nórdicos en esta parte de Europa. Sea cual fuera la realidad, lo importantes es que Cristina, después de su matrimonio en Valladolid, se establece en Sevilla que era el lugar donde ya residía, su esposo, el Infante Felipe.


Allí en tierras sevillanas, abrumada por el calor y añorando los fiordos y su vida en Tønsberg, en Noruega, muere a los cuatro años desde su llegada, abatida por la melancolía y tristeza y sin haber conseguido tener un hijo.


Su marido, que antes de su matrimonio había sido abad de la Colegiata de San Cosme y San Damián de Covarrubias, hasta la edad de 21 años y más tarde arzobispo de Sevilla, hizo enterrar a su esposa en el claustro de la colegiata de esta localidad burgalesa en un sepulcro gótico, de piedra labrada.


La última morada de Cristina, se convirtió con el tiempo en lugar de peregrinación de las mujeres que desean contraer matrimonio. Junto a su sepulcro, hay una campana y la joven casadera que la toque conseguirá, eso nos cuentan, casarse al poco tiempo.


Hasta aquí, la romántica y triste historia de Cristina.


Seguramente, ella nunca ha sabido desde su más allá, que hoy las ciudades de Covarrubias y Tønsberg, lugar del nacimiento de la princesa, están hermanadas y son muchos los turistas nórdicos que visitan esta villa burgalesa para encontrarse y saludar a su princesa, hija de su Rey Haakon. Los actos de hermanamiento se suceden y los intercambios culturales y artísticos se celebran todos los años.


Está a punto de cumplirse el sueño de Cristina, que no fue otro que la construcción de una iglesia dedicada a San Olav de Noruega. En vida se lo prometió su esposo, el infante castellano, pero nunca cumplió su palabra. Hoy, casi ocho siglos después, servirá para recordar la historia triste y romántica de la princesa de cabellos rubios, que llegó del frío.


Junto a Covarrubias, muy cerca, está la obra cumbre del románico burgalés, Santo Domingo de Silos. Estamos ante unos increíbles lugares, muy próximos los unos de los otros, del más extraordinario arte castellano burgalés. Covarrubias, Ruinas de San Pedro de Arlanza, Santo Domingo de Silos, las impresionantes ruinas romanas de Clunia, sin olvidarnos del Monasterio de la Vid. y la belleza la de Peñaranda de Duero, el desfiladero de la Yecla…Un privilegio para la vista, un sueño poder perderse por aquellas tierras burgalesas.















domingo, 3 de enero de 2010

...me llamas por teléfono.





Una de las anécdotas, más “espectaculares” que me han ocurrido fue cuando trabajé en la Organización Nacional del sorteo del cupón diario.


Para evitar que el Gobierno Central y los Autonómicos con las competencias traspasadas en el tema de juegos, esta Organización, modelo en muchas cosas y mafiosa en otras, se vió obligada, para evitar que se pudieran autorizar y patrocinar sorteos paralelos que la perjudicaran, a admitir como vendedores del cupón a colectivos de personas con minusvalías diferentes a la concreta que ellos tienen.


En mi trabajo era muy habitual tener que estar con los vendedores. En esta ocasión concreta se trataba de una chica de unos 30 años, sorda de nacimiento, pero que con una extraordinaria facilidad, tesón e inteligencia, para leer los labios y entender perfectamente lo que se la quería decir y así poder hablar con ella con total soltura y corrección. Entendía y hablabla tan bien, que era muy difícil pensar que se estabas ante una persona sorda total. Ni te lo planteabas.


Ese día, como comento, estuvimos hablando de unos temas que teníamos pendientes. La conversación fue normal fluida como siempre y en el momento de la despedida, no tengo mejor ocurrencia que decirla: "Si tienes algún problema, me llamas por teléfono”. Se echó a reír me miró de arriba abajo y me dice:« ¿Llamarte por teléfono? Tú estas loco». Al instante me di cuenta de mi “metedura de pata”, nos echamos los a reír los dos. aunque yo confieso que un tanto cortado por torpe.


Seguro que ella se lo contó a sus compañeros, yo a los míos y a mi jefe ciego y quedé aquel día, seguro, por no ser el más listo de la clase, pero…así ocurrió y así lo cuento.


Mientras continué en aquel trabajo, volvimos a coincidir muchas veces y en todos los encuentros ninguno de los dos pudimos contener la risa al saludarnos. Nos hicimos muy buenos amigos y en fondo a ella sé que le gustó lo que me ocurrió. Mi compartimiento la demostró que su esfuerzo en leer y hablar correctamente, había merecido la pena. Nunca vi ninguna persona sorda hacerlo tan bien como ella.


Cuando convives a diario con personas con alguna discapacidad, cambias totalmente el concepto que muchas veces, injusta y torpemente se tiene de ellos. Son como tú y yo, totalmente normales y en muchos casos mucho más avispados. Tuvieron que esforzarse más que cualquier para sobrevivir con dignidad en esta jungla de la vida.


viernes, 1 de enero de 2010

Bares de «pintxos»





Por motivos profesionales, días atrás tuve que visitar varias ciudades vascas. Nada especial, son lugares que conozco sobradamente por obligación y también a veces por devoción. En ocasiones me veo obligado y nada me importa, a pasar varias horas o días en ellas. Por cierto, probé una nueva ruta a través de la nueva autopista Vitoria- proximidades de Eibar y francamente estupenda; se adelanta bastante tiempo, aunque los que sufrimos algo de claustrofobia lo pasamos un poco mal con tanto túnel; pero son inevitables. No parece que en esta ocasión, los iluminados ecologistas vascos hayan hecho mucho ruido. No sé el motivo pero seguro que hay o habido algo “especial” en esta obra.


Me llamó la atención San Sebastián por la obra que están haciendo de ampliación de aparcamiento subterráneo, donde siempre aparcaba y eso hace que sea casi misión imposible hacerlo. Al final y bastante lejos del centro conseguí plaza. Cuando esté terminado será estupendo volver al céntrico aparcamiento de La Concha. Sales de él y lo primero que ves es la playa y el mar y enfrente el monte Igueldo que junto con la isla, hacen que sea un paseo muy agradable.


Me había pasado en Vitoria y me volvió a pasar allí. Me sigue llamando la atención de que el Gobierno Vasco y su Departamento de Sanidad no pongan freno a la marranería que hay en los bares de tapas. Es de tiempos muy arcaicos y pasados las condiciones higiénicas que tienen la mayoría de ellos. Lo que allí se sigue viendo no ocurre ya en ningún sitio de la España europea. Igual da una aldea de Andalucía, que un pueblo de Castilla o de Murcia. Muchísimo más higiene que cualquier bar de la zona de pinchos de San Sebastian o Vitoria que son las dos últimas capitales vascas que he visitado. En Bilbao sé que ocurre lo mismo.


Entras ahora en cualquiera de ellos y al igual que hace muchos años, te encuentras una barra llena, empetada de platos y más platos con apetitosas pinchos, tapas etc. El aspecto es muy bueno y la calidad seguro que lo mismo. Pero en TODOS los bares típicos y son muchísimos, toda esa comida está sin protección de vitrinas. Cualquier puede coger cualquier pincho que esté a la vista sin necesidad de pedirlo.


Allí, sobre la barra están todos ellos expuestos y reciben los humos de los fumadores; las toses y todos los bichitos que les suelen acompañar; se llenan de las salivas de los que hablan, los famosos “perdigones” y que a tantas personas se les escapan. Igualmente reciben las tapas, los alientos de todo tipo; unos serán pestilentes otros no tanto de las personas enfermas y sanas que están en la barra. Es imposible que no les contaminen, están a escasos 20 centímetros. ¡Ah! y… mejor que nadie estornude; no podemos imaginar las inmundicias con las que se pueden contaminar esos alimentos.


Total, que si al final te decides tomarte algún pincho de aquellos, te puede saber y oler a pestilente humo de tabaco, puedes meter en tu boca salivas extrañas de los varios visitantes del bar y que se han quedado en las tapas, puedes igualmente ingerir, sin lugar a dudas cualquier virus de enfermedad contagiosa. Todas esas marranadas y muchas más quedan y contaminan los alimentos que se consumen en bastantes de esos establecimientos hosteleros de la Comunidad Vasca. Es un auténtico atentado contra la salud de los clientes.


Tercermundismo total y absoluto en los bares de tapas y pinchos vascos. Mayor marranería es imposible y los Departamentos de Sanidad correspondientes mirando para otro lado, supongo; porque si han autorizado esa forma de exponer los alimentos en la barra, la responsabilidad de los políticos y funcionarios de la sanidad pública vasca sería mucho más grave.


Lo dicho, en ese aspecto, tanto a los bares, como a la sanidad pública vasca y a los comensales, suspenso total y absoluto. Es impropio de una sociedad supuestamente civilizada del siglo XXI. Siguen viviendo, al menos en ese aspecto, en la época en la que en los bares te envolvían los bocadillos en el “higiénico” papel de periódico.