"De los claros bosques de la Andalucía, //
¿quién os trajo a esta castellana tierra //
que barren los vientos de la adusta sierra, //
hijos de los campos de la tierra mía?"
A. Machado
Seguimos de nuevo con fútbol. Fútbol y más y más y mucho más fútbol. Hasta la saciedad, hasta en la sopa; hoy de nuevo Fútbol. Hoy “CHAMPIONS LEAGUE” y dentro de unos pocos meses, allá por Mayo o Junio pondremos el punto final a la temporada con los “PLAY OFF” de ascenso o descenso de categoría para muchos equipos.
Y digo yo… ¿Qué pintamos importando términos ingleses para las competiciones deportivas, entre otras muchas cosas?
¿No os parece que quedaría más bonito decir, por ejemplo, que El Sevilla, esta noche juega un partido de la LIGA DE CAMPEONES? Pues NO. ¿No quedaría igualmente mejor decir que el Canillejas F.C., jugará la Fase de Ascenso a III División? Pues va a ser de nuevo que NO. Mañana miércoles seguiremos hablando de los resultados de la “CHAMPIONS LEAGUE” y a la vuelta de la esquina de los “PLAY OFF” de ascenso o descenso. ¡Qué membrillos somos! al menos yo, siempre copiando lo foráneo sin darnos cuenta que los nuestro es mucho más enriquecedor o al menos igual que lo importado.
¿Os imagináis a un gabacho, hablando de La Vuelta Ciclista a España, diciéndolo así en la lengua de Cervantes? Seguro que no, para ellos siempre será “Le Tour de L´Espagne” o como correctamente se escriba; pues bien para nosotros nunca será La Vuelta Ciclista a Francia, siempre será “El Tour de France”.dicho así en francés.Siempre sumisos a todo lo de fuera de las fronteras.
En Internet mejor no hablar, no sabremos lo qué significa, como es mi caso, pero utilizamos todos los días vocablos ingleses que perfectamente pueden tener su adecuada y compresible traducción.
Con mi índice bien afilado apunto a la canalla prensa deportiva que junto con los políticos y otros muchos, maltratan, maltratamos, sin piedad nuestro idioma.
Desde “mi cuaderno” como acertadamente tradujo Pasión, MIS SALUDOS.
Toda la prensa dominical suelen venir con sus cuadernos añadidos, contándonos mil y una cosas y no faltando nunca la entrevista o vida y milagros de algún famoso. ¿Quién puede ser mi más y mejor famoso? Pues eso, UN AMIGO, MI AMIGO JOAQUIN, al que algunas veces y no tantas como se merece, cito en estas páginas. Mi maestro sevillano, mi admirado Séneca cordobés. La persona que siempre ve el lado positivo de todo, hasta en las derrotas del Betis o las “espantás” de su Curro o ahora las de Morante y eso a veces me cabreaba. Pero afortunadamente él es así. En el tintero se quedan para otro día, mucho de lo que aprendí con él, peromañana, que hace seis años que dejé de fumar, le quiero recordar su malsana afición al tabaco. La pena es que no me leerá, pero si lo hiciera sabría quele escribo con todo mi afecto.
¡VA POR TI, JOAQUÍN!
Algunos somos afortunados por tener auténticas amigas y amigos. No son muchos pero cuando tienes alguno de Ley, es imposible no acordarse de esa frase millonaria en repeticiones. Una Amiga, un Amigo, es un tesoro. Suenan un pocotrasnochadas, pero no deja de ser ciertas.
¿Cuántas horas habré pasado con Joaquín, mientras me enseñaba todos los rincones de la bella Sevilla? Y ¡mira!: me decía, ahora te voy a llevar a qué conozcas la casa donde nació Luis Cernuda y allí nos íbamos y fotografiábamos la bella cerámica que daba fe. Cientos de horas, todas entrañables.
Muchas de las anécdotas que he contado o tengo por contar sobre Sevilla, sobre D. Juan Tenorio, sobre Joselito, Belmonte o la Duquesa de Alba, los gitanos o sobre el Gran Poder y el Betis de nuestros disgustosy amores, él me las contó y procuré siempre reflejarlas fielmente.
Joaquín tiene sus añitos, los cumple todos los años, como todos y claro, algún achaque de vez en cuando le da, aunque está fuerte como un roble. Se cuida bastante, aunque mucho menos de lo que él dice y además fuma de lo lindo. Le encanta hacerlo y todos los días por lo menos caen sus ocho cigarritos, ni uno más ni uno menos, al menos eso cuenta y no sé, no sé…si serán ocho.
Recuerdo una noche, nos vimos en nuestro bar tertulia de todos los días. Le dio un fuerte ataque de tos, se puso malísimo, nos asustamos y pensamos que le podía pasar algo. Poco a poco se fue calmando y empezó a recuperarse. Comofumador converso, intenté hacerle ver el daño que le hacía el tabaco y que esa crisis se la había producido los puñeteros cigarros (se acaba de fumar uno) Le insistía que debía dejar de fumar. Sí, sí, sí a todo asentía, a todo decía amén. Me extrañó, aunque quise pensar pensé que ¡por fin! se había “acojonao” y que le había llegado lo hora de que voluntariamente ¡Joaquín, dejaba de fumar! Me puso muy contento al tiempo que le hablaba de lo bien que se iba a encontrar, no volvería a toser etc. etc., nada nuevo que no fueran todas esas cosas que decimos los ex. Sí, sí, sí, amén, amén, amén, así toda la noche asintiendo. Yo no me fiaba del todo, pero en sus palabras parecíaque había tanta rotundidad… Hasta que harto y aburridode mis “cariñosas” reprimendas, me mira muy serio y me dice: «Tienes toda la razón y prueba de ello es que partir de mañana y para que veas que te hago caso, FUMARÉ UN CIGARRO MENOS AL DÍA.» ¡LA MADRE QUE TE PARIÓ!, fue lo único que se me ocurrió decirle. Le miré con cara de muy mala leche, fui a la máquina de tabaco, compré un paquete Ducados, se lo di y le dije: «Por mi, como si te fumas la Tabacalera entera».
Ten amigos para esto… En fin, sigue siendo el entrañable amigo de siempre, al que quiero mucho a pesar de que sigue fumando, aunque espero que por aquello que me prometió, fume sieteen lugar de ocho. Lo malo si ahora fuma nueve cigarros aldía o más. Hace mucho tiempo que no le veo, dos añosinterminablemente largos han pasado. Me gustaría darle un abrazo y es que Joaquín… es mucho Joaquín.
Afortunadamente se siguen agolpando los recuerdos. ¡Qué nunca falten!
Era muy niño, pero recuerdo con nostalgia muchas noches en mi casa, junto a mis padres y hermanos, escuchando música en un viejo gramófono, de los de manivela, aquellos de aguja en el cabezal sobre un disco de pizarra.
A mi madre le encantaba la zarzuela. Se me quedaron grabados para siempre nombres como Marcos Redondo, Los Gavilanes, Dª Francisquita entre otros y un disco en especial que le gustaba a mi padre “Suspiros de España”.
Aquello pasó, solo eran recuerdos de mis pocos años. Un día, al cabo de mucho tiempo, hubo un concurso de bandas de música y era la pieza obligada a interpretar: “Suspiros de España”. No pude por menos que mirar atrás y recordar a mis padres y a su viejo gramófono.
Este pasodoble, a quien un poeta le compuso una letra preciosa, totalmente ajena, como luego supe a la intención del maestro compositor. El escucharla representaba para mi la despedida triste y melancólica de alguien que perdió un amor y que emigró en busca de fortuna a lejanas tierras, suspirando en volver a una España con formas y vida de bella mujer, de bello amor que nunca más volvería a ver ni sentir.
Nunca debí acudir al certamen musical. Lo pasé mal, se me rompió un mito.
En el programa de mano del concurso hacían una pequeña reseña de la historia de los pasodobles que se iban a interpretar y cuando leí el origen, el motivo de este bellísimo pasodoble “Suspiros de España” no fue sencillo aceptarlo
Su autor, el maestro andaluz, cartagenero de adopción, Antonio Álvarez Alonso, todas las noches tocaba el piano en un café de Cartagena. Justo enfrente, estaba la Confitería España donde vendían unos dulces de avellana que él compraba y que se llamaban “Suspiros”. El bello pasodoble lo había compuesto y dedicado a los pastelitos, “SUSPIROS” de la confitería “ESPAÑA”.
Cuando inicié este «cuaderno» (gracias por la definición, Mª José), sabía que la participación iba a ser muy escasa. Lo que escribono es actualidad, tampoco es literatura ni buena ni mama ¡Ojalá! lo fuera, pero eso, no es nada. Es tan sólo poner en un papel, pantalla en este caso, las cosas que se me ocurren y que sé, y eso es lo más importante para mi, no me producen ninguna crispación al escribirlas. Todo lo contrario, me hace recordar y sin nuestros recuerdos creo que nadie podríamos vivir, al menos yo no puedo.
Entiendo que mis cosas pasendesapercibidas, yo tampoco entraría en un cuaderno como el mío.
A los poquitos que me acompañáis, pero en especial a Mª José (Pasión), mi agradecimiento es mucho. No creo que ni lo que escribo ni como lo hago le puede interesar, al fin de cuentas, cuando hablo de su Sevilla,seguro queconoce mucho mejor que yo como es su gente y su tierra. Puede ocurrir que a veces, le descubra algo que ella tenía olvidado, no más.
Pero sigo y seguiré por algo fundamental y perdonar mi egoísmo. Escribo principalmente para mi y pensando en mi, es una necesidad vital que tengo a pesar de reconocer que nunca pasaré de ser un mal aprendiz (es mi sino en la vida)y si alguna vez algo de lo que escriba os gusta…me sentiré doblemente satisfecho.
Estoy llegando al final y ahora de nuevo me empiezo a sentir un tanto perdido. Me estoy viendo el papel del genial Armando Buscarini, que amenazaba (necesitaba el dinero para comer) con suicidarse si alguien no le compraba sus poemas. Espero de verdad que nadie piense semejante cosa, mi fracaso como escribidor y comunicador hubiera sido total. Hubiera interpretado, por mi culpa, lo contrario que pienso. En definitiva sólo quería saludaros, contaros algo de mi, que al final no he contado ¿o sí? y deciros que me gusta mucho leeros. Vosotros sí lo hacéis bien y encima aprendo.
Gracias a todos; en especial, y permitidme decirlo nuevamente, a Mª José, a la que digo con todo mi afecto que espero nunca se sienta obligada a nada respecto a misescritos.
Curiosamente hoy hace frío, cinco grados cuando he salido a la calle o precisamente por eso, me he acordado de las terrazas en las calurosas noches de Sevilla. Casi siempre llenas y en algunos sitios incluso, había que esperar a que alguna mesa quedara libre. Como en todos los sitios de calor.
He recordado con nostalgia como noche tras noche se repetía la escena. A una hora concreta aparcaban como podían un coche junto a la terraza donde solía tomar mi último café. Iba conduciendo un señor de unos 50 años, bien arreglado y a su lado un joven de unos 16 ó 17, de buena planta, serio pero a la vez con cara simpática, con aspecto de ser un buen estudiante y muy correctamente vestido con ropa juvenil.
Los dos se dirigían a la parte trasera de la pequeña furgoneta blanca, abrían la puerta y se ayudaban para bajar a la acera una batería musical con sus tambores platillos etc. luego el padre volvía y entre las manos llevaba una trompeta.
A los pocos segundos el padre, supongo que lo es del muchacho, estaba ya tocando una balada y el hijo acompañándole con la batería. No eran ningunos virtuosos pero lo hacían con dignidad. Repetían con otra canción y el padre pasaba por todas las meses saludando y lógicamente esperando la generosidad de los sevillanos; mientras el hijo, hacía un solo de batería. Terminaban recogían sus instrumentos y supongo que iban en busca de otra terraza a seguir su peregrinar nocturno.
Estoy seguro que llevaban años haciéndolo noche tras noche en los meses calurosos.
Muchas veces me quedaba observando al muchacho y siempre llegaba a la conclusión qué este trabajo nocturno le marcaría de por vida. Jamás podría olvidar aquellas noches de verano sevillanas y estoy seguro que cuando los tuviera, les contaría a sus hijos con enorme orgullo las mil y una anécdotas vividas acompañando a su padre con la batería.
Como dije antes tenía aspecto de estar estudiando, tampoco importa si ahora está trabajando de fontanero (el grado de dignidad es el mismo) pero seguro que siempre recordará aquel su primer trabajo ayudando a su padre y de cómo le forjó su carácter ya que tan jovencillo, pasar las noches de esta manera tan digna pero dura, al tiempo que especial, le habrá dejado huella para siempre.
Los dos últimos años de mi estancia en Sevilla, no le volví a ver, pero no creo que deje de recordarle, tampoco me gustaría hacerlo.
Cuando un amigo me pregunta por las ciudades que más me impresionan, siempre tengo varios nombres que lanzo sin vacilación: Segovia, Granada, Sevilla, Burgos, Córdoba.
Gustos dispares los míos. Por una parte la austeridad castellana adornada con la majestuosidad romana como es Segovia, y por la otra el embrujo árabe corriendo por las venas del Genil, del Darro y del padre Guadalquivir. ¿Una más, otra menos? No, no sabría poner un orden; siempre sería injusto, siempre sería justo.
Segovia es de esas ciudades que a uno desde dentro de si mismo, alguna voz, segoviana ,supongo, le está diciendo siempre “¿Cuándo vuelves a visitarme?”.
¿Cuándo he estadoen Segovia por última vez?Hace ya unos meses en Semana Santa. Sé que cometí el pecadísimo mortal de no haber vueltoalgún fin de semana en verano. Cuando vuelva tendré que cumplir la penitencia que justamente se me imponga.
¡Claro qué recuerdo!,fue el Viernes Santo cuando estuve enSegovia la última vez. ¡Qué maravilla! siempre majestuosa, siempre bella, siempre altiva, siempre austera, siempre limpia,siempre…Segovia. No hay un solo rincón que no sea digno de admiración, pero, disculparme, hoy no quiero hablar de sus piedras entrañables, hoy os quiero contar…
«¿Quién me presta una escalera para subir al madero, para quitarle los clavos a Jesús el Nazareno?»
Con este preámbulo de una saeta popular empieza A. Machado «Su Saeta» dedicada al Cristo de los Gitanos y que luego tan dignamente cantó J. M. Serrat.
Uno que ha tenido el privilegio de escucharla en directo en «La Madrugá» sevillana a las impresionantes bandas de cornetas y tambores, o las bandas de música, mientras el Cristo de los Gitanos camina entre sus sevillanos, pensé que era imposible que me pudieran embargar emociones nuevas escuchándola.
Pero… me faltaba Segovia y el Viernes Santo. La procesión discurría por la Plaza muy próxima a la Catedral y de repente, oigo los inconfundibles sones de “LA Saeta”, pero… ¡MILAGRO! Es una sola dulzaina y un solo tambor. Me inundó la emoción, se me encogióel alma con el sonido. Mi piel ya no era nilisa ni tersa, aguantécomo puede el tirón para que nada saliera por mis ojos vidriosos¡Una sola dulzaina y un tambor! De verdad que no añoré a los 200 cornetistas, tamborileros y timbaleros sevillanos. Impresionante.
Cuando uno ha cumplido 25 años y algunos meses más ( bastantes, bastantes más), inevitablemente los recuerdos, nos ocurre a lo largo de toda la vida, se agolpan y cada día llaman a nuestra puerta.
Recuerdo muy bien aquellas fiestas populares en los pueblos pequeños o en barrios de las ciudades o en esas romerías donde se iba a visitar al Santo o Santa en una pequeña ermita y que era la disculpa ideal para dar rienda suelta a la alegría, la diversión, el baile… en fin, había de todo, por haber había hasta trileros, habilidosos y pícaros personajes dignos de la mejor novela.
Otro de las atracciones para la gente joven, eran los CARRITOS DE LOS HELADOS, siempre eran blancos y solían tener pintadas alguna raya azul. Allí estaban los crios y no tanto, comprándose un helado. No eran muy buenos, aunque posiblemente fueran más naturales que los de ahora; los recipientes donde se guardaban supongo serían de aluminio y solían tener por cierre una especie de media esfera a modo de tapa. Curiosamente no tenían electricidad pero se conservaban bien. « ¡Que levante la mano aquella o aquel de más de 50 años, que no ha probado un helado de aquellos!» Todavía se ven, muy pocos pero siguen existiendo aunque ya nada tienen que ver con los de antaño. Pero siguen como siempre, limpios y blancos. Son inconfundibles los añorados CARRITOS DE LOS HELADOS.
Pero yo no quería hablar de helados ni de sus carritos y no sé como sin darme cuenta he empezado así, he continuado y casi pongo el punto final.
Mi intención era hablar de otros carros y de las acciones “guarras” de algunos padres o madres o de ambos.
Afortunadamente cada vez lo veo menos, pero se sigue viendo a los carros de los Supermercados de alimentación con un niño dentro recorriendo las galerías del establecimiento. Supongo que les meterán para poder andar más rápido y porque a los pequeños seguro que les encanta ir así. Creo de verdad que es una pésima costumbre que los establecimientos deberían cortar tajantemente. La inmensa mayoría de esos niños que son llevados en carro ya andan solos, se mueven con libertad por la calle y claro, no están exentos (nadie lo está) de pisar cualquier porquería, saliva ajena, un esputo o mierda de perro entre otras lindezas. Esas delicias se les quedan en los zapatos como es normal y esas suelas pueden pisar y dejar restos en el fondo de un carro donde luego tú o yo vamos a poner encima una barra de pan, con el plástico algo roto o cualquier otro alimento que por el motivo que fuere se ha podido poner en contacto con lo que el niño o niña pisó y dejó allí en el carrito, que precisamente no era el de los helados.
Como siempre, los niños son inocentes, los culpables son otros, los padres. Y si dices algo, ya sabes lo primero que te van a decir: ¡FACHA y VIEJO! No falla.Y digo yo,… ¿Qué tendrá que ver el culo con las témporas?
No creo que tenga un perfil definido, aunque temo que todos lo tenemos, incluidos los que nos gustaría no tenerlo. Soy o quisiera ser de esas miles de personas desconocidas y anónimas que pasan todos los días a nuestro lado y no nos llaman la atención por nada.
La vida, la calle, me han licenciado y doctorado en muchas cosas. En otros centros del saber, donde se consiguen diplomas que adornan muy bien las paredes, nunca estuve.